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miércoles, marzo 30, 2011

Ponte en los zapatos del otro: Los zapatos de Chile


Hasta hace muy poco la aspiración de algunas personas en México era que el país se pareciera a Chile siguiendo el modelo chileno (ahora esas aspiraciones nacionales se han movido hacia Brasil). Ver el crecimiento como consecuencia de un “modelo” es un error muy común, el tiempo y las circunstancias históricas son determinantes para el crecimiento y particulares en cada nación. El mito del modelo chileno es expuesto por Ricardo Ffrench-Davis en el libro “Economic Reforms in Chile: From Dictatorship to Democracy”, donde atinadamente señala que la actualidad económica chilena es consecuencia de tres estadios de desarrollo heterogéneos.

* Periodo (1973-1981). Se lleva a cabo una profunda liberalización financiera y del comercio, además de la adopción de políticas económicas neutrales y privatizaciones masivas. Teniendo como resultado la reducción de la inflación y la eliminación del déficit fiscal pero a la vez una caída de 14% del PIB y un desempleo de 30%, además de incremento en la pobreza y empeoramiento de la distribución del ingreso.

* Periodo (1982 – 1989). El gobierno comenzó a actuar en la economía mediante aumentos de tarifas, incentivos a la exportación y una regulación estricta de los mercados financieros. Lo que tuvo como consecuencia la recuperación de la economía, sin embargo el crecimiento anual promedio del PIB fue de apenas 2.9%.

* Periodo (1990-1998). Chile regresa al sistema democrático y lo hace acompañado de una reforma laboral, una reforma tributaria y una reforma de las políticas macroeconómicas anticíclo (con especial énfasis hacia la regulación de la cuenta de capital). Gracias a esto se alcanzó un crecimiento del PIB medio anual de 7.1% con una cierta mejora en la distribución del ingreso y una fuerte caída en la pobreza.

A finales de los años 90’s el Banco Central de Chile cambió su postura ante la regulación de la cuenta de capital, lo que llevó a que el tipo de cambio y la demanda interna siguieran a los flujos financieros, haciéndolos víctimas de la volatilidad, lo que a juicio de Ffrench-Davis ha sido determinante para el empeoramiento de la economía chilena llevando el crecimiento promedio del periodo 1999-2008 a un modesto 3.7%. A pesar de esto la distribución del ingreso ha mejorado aunque la desigualdad sigue siendo alta.

Podemos apreciar que Chile ha fluctuado de un modelo neoliberal puro pasando por intervencionismo estatal hasta llegar a un híbrido económico. ¿Funcionarían estos modelos en la realidad mexicana? Seguramente no, ya que nuestra situación histórica es distinta, lo que sí puede ayudar es la lección que nos deja el caso chileno; las reformas necesarias (fiscal, laboral, etc.) deben hacerse pensando en el mejoramiento de la distribución del ingreso (impuestos progresivos, respetar derechos laborales, etc.) y buscar el equilibrio entre el regulacionismo y la liberalización.

lunes, julio 06, 2009

¿Al pueblo lo que quiere o lo que necesita?


En estos tiempos en que se presume tanto de la democracia y sus bondades llegó hasta mi el libro “The Myth of the Rational Voter” de Bryan Caplan, en el se compara, por medio de estadísticas, las acciones de los electores y los economistas en relación con ciertos asuntos, mostrando que mientras los economistas basan sus decisiones en la ciencia y la lógica, los votantes proceden de manera opuesta. El autor cita un curioso acontecimiento que refrenda su hipótesis: La gente, cuando ejerce de consumidora, es sensible a los precios, de ahí que le interese que no haya aranceles y favorezca el libre comercio; pero cuando ejerce de votante resulta que respalda a quienes piden restricciones a la entrada de mercancías de países terceros.

Pensar que el libre mercado debe favorecerse totalmente mientras se acota al máximo el crecimiento del Estado (como se propone en el libro) es un argumento arcaico y desacreditado, pero existen puntos muy rescatables de la exposición, como la irracionalidad de los votantes para tomar decisiones ya que la mayoría de las veces velan por sus intereses inmediatos, atomizados o de clase, en vez del tan cacareado bienestar general. (1)

Existen muchos casos ilustrativos en la democracia mexicana, como las propuestas absurdas (desde el punto de vista económico) de muchas agrupaciones políticas que buscan únicamente fines electoreros. Lo peor: los votantes reaccionan a esa clase de estrategias.

Quizá la solución no sea “más” sino “mejor” democracia, aunque a mi parecer esa forma de gobierno es un paciente desahuciado por la irracionalidad de la mayoría, pero esto dicho entre usted y yo porque luego me tachan de fascista.

(1) A propósito de irracionales, se esta poniendo de moda una corriente económica que abandona al mítico homo economicus y centra su estudio en un homo nada economicus.